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Candombe – Pinacoteca Eusebio Giménez

Pedro Figari, El Candombe, 1921. Óleo. 73 x 108 cm.

El  Candombe de Pedro Figari (1861-1938), datado en 1921, es fiesta.

Forma y color vibran. El color da forma. La forma testimonia también la acción de dar forma. Sin cesuras. A plenitud de entrega en la celebración. Es celebrado el baile, la libertad de los cuerpos entregados al ritmo y sus diálogos, a los intercambios. Y aun la tela misma es celebración: de la pintura, de sus juegos y ritmos, de su fecundidad integradora. El baile –ese baile de negros, ese “precipitado” que revela la magnífica magnitud de la otredad– revierte categorías y estamentos establecidos. Le sacude el esqueleto al ojo, a los prejuicios de casta. Figari acababa de dejar atrás su primera y larga etapa de figura pública e iniciador cultural: tras el fracaso de   su   proyecto   técnico-pedagógico   comienza,  justamente   en   ese   año,  el período de su entrega a la actividad pictórica. A comienzos de ese año, el sexagésimo primero de su vida, había sido designado Asesor Letrado de la Legación de Uruguay en Argentina, y pasó a residir en Buenos Aires con cinco de sus nueve hijos. Se consagró a la nueva etapa vital. El ímpetu, o la convicción y el ímpetu, que dedicó a su arte28 están aún estampados en el dinamismo flexible y colorido de las formas propuestas: el baile –propiamente, el candombe–, la fiesta integradora. Esta pintura canta el ideal de integración, la utopía figariana.

Tatiana Oroño – “29 obras del Museo Eusebio Giménez”

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